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Buitres S.A.
Un cardenal, cuya vestimenta ha adquirido color de sangre de asesinados, de apaleados, de mujeres violadas; levanta la copa en consagración, pero sus palabras no logran el prodigio de convertir el vino en sangre divina, en su lugar lo trueca en orines de Belcebú. Al pretender cambiar la hostia en alimento celestial, sus manos sólo son capaces de transformarla en un trozo de carne putrefacta, que devora a picotazo limpio de zopilote arrabalero. Algo parecido acontece a ciertos prelados, buitres al fin, que han transformado la doctrina del Mesías en meras letras de cambio. Un inmigrante italiano, que hizo fortuna en estas tierras a base de mermar el salario del obrero elevando el valor del pasaje de transporte, deliraba por gobernar, sin tener cerebro para ello ni el apoyo popular. Se frota las pezuñas, babea y sus jugos gástricos enloquecen cada vez que las jaurías por él soltadas rebanan cabezas y derraman en las calles la sangre del pueblo. Ello permite el engorde de sus cuentas de banco y el infle de su ego. Una bandada de rapaces, árabes nómadas, que se han cebado con el sudor y el pulmón obrero, se limpia el pico en el pendón nacional. Han anidado solapadamente en el regazo de la patria, usufructuando los recursos nacionales, inflando sus caudales depositados en bancos extranjeros. Una trinca de prosimios, acostumbrados al acomodo acomodado, encabezan el tropel que embiste, atropella, dispara y estampa el terror en la retina popular, con la certeza de que la fuerza reditúa jugosos dividendos, sabiendo que el poder de la fuerza desbarata la fuerza del poder que reside en el pueblo, además de permitir negocios prósperos. Una manada de gargantas alquiladas periódicamente vocifera la verdad más vil, por mentirosa. Se han convertido en fábrica de falacias a sabiendas de que las mentiras se tasan en oro, producen dividendos, premios y prebendas. Una horda de políticos de conciencia nauseabunda, una piara de jueces y fiscales de conducta podrida acarician su billetera, que guardan del lado del corazón. Así se conforma el consorcio del saqueo y el despojo, la sociedad del atropello y el vejamen, amparados en el silencio de lacayos prestanombres dejan la patria en harapos.
19 -09- 2009
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